Conociéndole un poco más

Nuestros amigos caninos llevan el deseo de complacernos, tan solo debemos saber pedírselo, lo que implica cómo mínimo, conocer el lenguaje perruno y comprender el funcionamiento de su interacción social.

La relación entre perros y humanos surgió desde tiempos remotos a raíz de la colaboración (caza, protección, compañía) manteniendo una mutua relación de beneficio y amistad. El perro es posiblemente la primera especie que domestico el hombre.

Hoy en día la vida urbana y menos urbana de los perros es muy anti natural, su actual entorno es territorio del hombre “civilizado”, donde tienen que enfrentarse a: espacios limitados y superpoblados, con contaminación visual/acústica/ambiental, restricciones y exigencias de comportamiento, con sus necesidades instintivas cohibidas y muchas veces con carencias en las básicas como alimentación inadecuada.

Y a pesar de su gran capacidad de adaptación e inteligencia, es obvio que nuestro mejor amigo necesita un guía que, también, conozca sus diferentes necesidades de bienestar y sepa transmitirle correctamente las pautas que se esperan de él. Con ello, su guía o amo podrá educarle para que sea un “buen ciudadano canino”. De hecho, en cuanto antes mejor, sea un cachorro  o sea un adulto, siempre y cuando el nivel de aprendizaje sea adecuado a la edad y capacidad del perro.

En su defecto es muy probable que el perro se resienta de una forma u otra, manifestándose a través de diferentes emociones “negativas” como: tristeza, ansiedad, estrés o distrés, miedo en sus diferentes grados, agresividad,  ofreciendo una gama de comportamientos indeseables tanto para el perro como para el amo, porqué ambos lo sufren. Y quiero destacar la capacidad de sufrimiento que tienen los perros ya que la especie canina puede manifestar empatía y depresión lo que significa que tienen sentimientos.

También conviene recordar que los genes del lobo, siendo el antepasado del perro siguen influyendo en el comportamiento de este. Se dice que aunque el perro ha salido de la manada del lobo, sus instintos no han salido del perro.

Con lo dicho, hemos de tener en cuenta lo que representa el concepto de manada para la especie canina (y otras especies) con sus normas y niveles jerárquicos, para situar al perro en su posición adecuada y coherente dentro de una familia y sociedad humana donde el perro no tiene capacidad de liderar como lo haría su ancestro en su hábitat natural.

Dentro de este ambiente desnaturalizado, es importante considerar que el bienestar canino también conlleva educar al perro, ya que siendo “educado” es un animal feliz, porque esta cualidad le permite vivir en equilibrio con su manada que en lenguaje humano representa su familia.

En definitiva, podemos cuidar y mejorar esta bella relación de amor y fidelidad que nos ha demostrado  el perro desde hace miles de años, desarrollando una convivencia armoniosa basada en el conocimiento, entendimiento y respeto hacia el perro. Sobretodo que este conjunto sirva para prevenir conductas inadecuadas o corregirlas, de esta manera evitaremos cualquier trato injusto hacia el perro incluido el abandono.

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